_DSC1328

Marrakech: 2 chicas, 3 días: Qué hacer y evitar

Si me pidieran describirlo con una sola frase: un cuento clásico. Porque sin duda quien reina Marrakech es el color ocre. Pinta desde las fachadas de las casas, hasta las altas montañas del Valle de Ourika. Las construcciones, tan redonditas y sin afiladas puntas ni esquinas, parecen hechas en un torno de barro, cosa que no me sorprendería por la cantidad de artesanía a la que siguen dedicando su vida los marroquíes.

image2

Llegamos de noche, habiendo programado con nuestro Riad una recogida en el aeropuerto por 10 euros. Te lo recomiendo, especialmente si llegas tarde. Muchos en el aeropuerto, se lanzarán a ofrecerte transporte, pero más caro.

Los Riad son básicamente antiguas casonas, con 4 o 5 habitaciones que suelen estar regentadas por los propietarios y ofrecen a los huéspedes un trato mucho más cercano y personal que en los hoteles. Nosotras encontramos un precio increíble en el Riad Jomana, dentro de la Medina y con desayuno incluido. Y vaya si mereció la pena. Youssef, el que en un principio creímos era el de seguridad nocturna, nos esperó despierto y tras instalarnos, nos acompañó a una calle más viva a comprar agua y demás. Nos dijo que, de haberle avisado, nos hubiera hecho la cena. ¡Qué majete!

_DSC1315

El desayuno a falta de fruta y aguacates, que comprábamos la noche anterior, tenía tortillapanes y tortas caseras. Además tomamos por las tardes y Youssef nos imprimió los billetes, nos aconsejó en todo y estuvimos súper a gusto.

image1

Menos mal que mi amiga Paqui me avisó antes de irnos a dormir la primera noche, de que varias veces al día se escuchan las llamadas al rezo de las mezquitas. Menos mal, porque si no me lo hubiera dicho, hubiera salido escopetada de la habitación cuando me despertaron los gritos en árabe a las 05.30. Apunta unos tapones y un antifaz, porque el sol también sale temprano y difícilmente encontrarás persianas.

Los marroquíes son comerciantes natos, pero se nota que son vecinos, porque no les gusta mucho madrugar, pero sí estar hasta tarde abiertos. Desde mediodía, se entregan a su clientela. Les lanzan el órdago hacia las nubes, y ya cada turista o cliente local es quien ha de tirar de la cuerda hacia abajo para negociar un precio justo. Pensando en euros, no nos costó mucho hacer el cálculo: 1 euro = 10 dirhams. Aunque en un par de ocasiones, probaron a decirme “50” por cosas pequeñas como una bolsita de té bereber, sin especificar de qué moneda estábamos hablando, hasta que me di cuenta de que había logrado bajar al 10 con demasiada facilidad y el hombre, entonces, ya fue mas concreto: “10 euros”. Al final lo saqué por 3.

_DSC1130

Están más que acostumbrados al turista español. Juegan con bromas como “esto es más barato que Mercadona, chica” o “yo no limpio pescado” o “precio cojonudo”, para caer en gracia y que le compres a él y no al de al lado, que probablemente te ofrezca un producto parecido. Eso es algo que me llamó especialmente la atención. Muchas veces, se congregan en una calle o plaza, el mismo tipo de comerciantes, vendedores de especias, o de aceitunas, uno al lado del otro, haciendo más difícil la venta, ¿no?

_DSC1291

 

Por las tardes, hay una transición muy bonita en la plaza de Jemaa El Fna, donde empiezan a llegar quienes instalan sus restaurantes ambulantes para ofrecer cenas, se llena de grupos de gente cantando y bailando, y merece la pena ser testigo desde alguna de las terrazas que rodean la plaza para ver el atardecer y empezar a sentir el olor a especias y brasas. Cenamos riquísimo en uno de los puestos por 5 euros cada una.

_DSC1076

Por las noches, siguen en sus tiendas, pero trabajando y fabricando artesanías o pintando y barnizando, para no molestar con los olores durante el día. Me chocó ver tanta cultura de lo handmade, porque todo allí se vende barato y tiene una gran elaboración detrás, y sin embargo aquí, una pieza hecha a mano es tan rara de ver, que se revaloriza y cuesta el doble.

_DSC1021


También negociamos un buen precio en un sitio de local tours para hacer la excursión más corta que había: a las cataratas de Ourika, que están a una hora de distancia. Recomendación: NO vayáis con tour. Desde la estación de autobuses vais por 5 euros. Una vez allí, la ruta hacia la montaña no tiene pérdida, todo el mundo va por el mismo camino. Sobre todo, evitaréis perder el tiempo de camino. Salimos a las 09.00 y volvimos a las 17.30, parón por rueda pinchada incluido. Tuvimos que parar a recoger gente y en 3 tiendas de amigos donde nos forzaban a comprar. El colmo fue que nos programaron la hora de la comida en un restaurante turístico y malo, y aunque logramos regatear, la comida era mala igual. Acabaron llamándome “mujer bereber” porque debe ser que son muy duras de pelar, igual que yo negociando.

_DSC1201

De vuelta en Marrakech, nos permitimos el lujo de perdernos sin mapa por varias callejuelas mágicas, que no daban a ningún sitio y regentadas por algún que otro gato peludo (hay muchos gatos). La Medina es un laberinto. Pero merecía la pena. Cualquier fachada de Marrakech es un digno fondo de fotografía. Nadie te va a preguntar si te has perdido, pero si tú les preguntas y tienes la suerte de que hablan español o inglés, son muy amables y te ayudarán a volver a encontrar el camino.

_DSC1385

Por supuesto, no te vayas sin pasar por el rito Hammam. Está lleno de ellos. Encontrarás precios bastante asequibles, Desde 15 euros, puedes hacer la típica exfoliación con jabón negro y mascarilla corporal de arcilla. No esperes un spa como los que conocemos, os meterán en una especie de sauna con luz tenue, donde una mujer te embadurna y te enjuaga con cuencos de agua caliente. Sí, has oído bien. No son spas como los entendemos en España. Nosotras fuimos a Les Bains D’Azahara y por 20 euros (la segunda opción más barata) también nos incluyeron un masaje de pies.

image1

En cuanto a la diferencia cultural, no me pareció excesiva. Al menos no en Marrakech. Están acostumbrados a trabajar con turismo. Sí les gusta llamar tu atención con piropos, o frases en español al oírte hablar, pero nada ofensivo. Me quedo con la cantidad de veces que me gritaron “Shakira” por la calle.

En definitiva, sigo con ganas de poder pasar más días para hacer una escapada al desierto, que ocupan mínimo un par de días o 3, pero si sólo tienes un finde, es un destino barato, cercano y tan diferente, que te sacará de la rutina en cuestión de minutos.

_DSC1025

Deja un comentario