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Conociendo a Vaiana en Hawaii

Vaiana es la nueva película de Disney Animation que se estrena el 2 de diciembre en España. Como buena reportera Disney, he necesitado viajar a Hawaii para conocer de primera mano cómo son las aventuras y la vida de esta nueva pequeña heroína Disney.img_0067

Empecemos por deshacer un mito: Cuando te bajas del avión en Honolulu tras 23 horas y media de viaje, no te esperan con un collar de flores (conocido allí como lei). Aunque sí nos esperaron así al entrar en el hotel, con un buen rollo increíble, a pesar de que eran las 23.45 y en el Aulani de Disney no quedaba ni una sola familia deambulando por los pasillos.

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Para la señorita, un lei de flores naturales que desprendían un olor increíble, y para Yuke (mi compañero redactor y realizador de los reportajes) algo más acorde a su masculinidad: un lei de nueces Kukui que crecen en el árbol más típico hawaiano, el Candlenut (verás al final del post que lo llevo puesto en el vídeo del reportaje).

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Dos de las cosas a las que más uso di durante mis días en el hotel fueron la bata, tan peludita, como acogedora que había en mi habitación, además de un lei Kukui de nueces como el que os hablaba más arriba, que pedí en recepción para no tener que quitárselo a Yuke (lo que tiene el de flores naturales es que se marchita rápido), y un ganchito de pelo con una flor hawaiana que me puse también para el reportaje de Vaiana.

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El primer día (de descanso, por suerte) amanecí a las 4.30 AM por el maldito jet-lag. La diferencia horaria entre Hawai’i y España es de 12 horas, así que, a pesar de estar rota por llevar más de un día entero viajando, a esa hora, mi cuerpo me dijo: “¡Chica, levanta, que no me has dado ni de desayunar, ni de comer y son ya casi las 5 de la tarde en tu tierra!”

Vi amanecer mientras me tomé el primer café de la mañana en la terraza de mi habitación. Hice tiempo para desayunar con Yuke a las 8, tal y cómo habíamos acordado, pero tuve que contenerme para no comerme una pata de la cama del hambre que tenía. La espera para el desayuno con personajes Disney mereció la pena: te transporta en el tiempo a la infancia.

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Aproveché el día libre para maravillarme con la piscina y playa del hotel, y yo, feliz estrenando modelito acuático y con una crema de protección baja, no me di cuenta de lo fuerte que pega el sol en la isla. Para la hora de cenar tenía un certificado de visita a la playa en forma de quemadura con marca de bikini.

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No hay nada que me pueda gustar más que mi trabajo, y eso es la suerte más grande de la vida. Lo sé, a juzgar por las fotos, cualquiera diría que he ido a Honolulu a trabajar, pero así es. Aunque con un compi como Yuke, se hace muy fácil.

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Me encanta porque acabo empapándome de todo el proceso de producción, que después de haber estudiado comunicación audiovisual me vuelve loca, y puedo opinar y ser más crítica conmigo misma cuando digo o hago algo que no termina de gustarme al verlo.

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Cuando grabamos este tipo de reportajes con producción americana, suelen unirse presentadores y redactores de otros Disney Channel de alrededor del mundo. Esta vez conocí a los chicos de Australia, que tienen un programa de entrevistas diario, y a Auli’i Carvalho, la actriz hawaiana que presta su voz a Moana en la versión original en inglés.

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Navegamos juntos (exigencias del guión, por supuesto), fuimos a cenar, y Adam y yo nos apuntamos a una clase de yoga al amanecer en la playa. Brutal.

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Una experiencia breve, pero intensa. Yo aproveché para quedarme un par de días más, y me moví a la zona de Waikiki, más turística, para explorar otras cosas. Las playas son bastante menos impresionantes y están más explotadas por el turismo, pero muy cerca del bullicio encuentras rincones salvajes como el parque nacional del volcán Diamond Head o las cataratas Manoa Falls, aunque me pillaron días de lluvia y no pude de verlos. Excusa perfecta para volver.

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Me enamoré de la fruta tropical. Qué mejor lugar que Hawaii para saborear una papaya autóctona, o la pithaya y los populares bowls de açai para desayunar.

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Banán es un local muy cuco al lado de la universidad de Honolulu del que me enamoré. Trituran bananas con açai, té matcha o una nutella orgánica y artesanal de Hawaii hecha con nueces de macadamia. Después, pasan la mezcla por la máquina heladera, que lo sirve mucho más frío. Luego eres tú quién elige los toppings y si lo quieres en tarrina o servido en media papaya. Una locura: deliciosos, baratos, naturales… Me quedé haciendo tiempo toda la mañana (ya que estaba a 2 kilómetros de mi hotel y me había dado por ir haciendo footing) y me comí dos.

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El resto de días aproveché para descubrir cosas sobre la cultura asiática tan extendida que hay allí, ya que las islas están entre Japón y Estados Unidos y hay una mezcla racial brutal. Hay pequeños supermercados Koreanos, y mucho sushi. En el supermercado, el poke (dados de atún o salmón crudo marinado de diferentes maneras) sale muy barato, lo sirven sobre una cama de arroz blanco o integral con virutas de alga nori y semillas de sésamo. ¡Está buenísimo! Aunque me quedo con esta joyita dulce: oreos de té matcha. 

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Sin duda, me queda pendiente volver a la zona norte de la isla, y quedarme por lo menos un par de semanas visitando , que dicen son una maravilla.

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Aquí el resultado final del reportaje, ¡espero que os guste!

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